Si hay un director, con el permiso del señor Welles, bueno y de Brad Bird… ¡¡¡en fin y de muchos más!!! Que ha permitido ganarse el respeto y golpear firmemente la mesa de la aptitud y el buen gusto con tan sólo dos películas, ese es Edgar Wright. Me refiero a “Zombies Party” y a “Arma Fatal”. Y cómo dirían los de las fiestas de mi pueblo en pleno auge español con el 2 de Mayo, ¡qué maquinón!
Manejar el lenguaje cinematográfico es mucho más que zoom para adelante, para detrás, travelling para un lado, paneo para otro, cortina encadenado, foco en primer término, luego en segundo, varío de óptica, slow motion, me cruzo el eje, encabalgo el audio, y finalizo en plano secuencia con recorrido por mi barrio. Esto no es más que una simple degustación que ofrece como entrante el señor Wright, que si por mí fuese ya sería Sir Edgar.
Su genialidad consiste en la aplicación carismática y repleta de sentido emocional de cada uno de sus planos. Conoce perfectamente el lenguaje de cada género. Ha estudiado la narrativa aplicada de forma visual. Y se ha empapado de los más grandes. Igual este tío ha seguido el paso que todos sabemos que hay que cruzar para hacer las cosas bien, pero que al final, nadie termina haciendo. Por un lado están los de la rama que se ven todas las películas habidas y por haber, hasta los cortos de Tarkovski, seguidos de la trayectoria inmaculada de Aki Kaurismäki, y Kusturica, pero que a la hora de la verdad sólo se meten de eléctrico en nosequé tontería de un colega. Y luego también están los que no se ven ni una película, y están todo el día grabando cosas. Si es que debe ser que el ser humano es de extremos.
Me quedo con su humor bestia de esencia inglés. Un humor que por cierto se sirve del montaje en gran parte para lograr arrebatarnos una sonrisilla a cada tres minutos. No está mal. El reparto es prácticamente el mismo en las dos películas y destaco a un Simon Pegg como protagonista espectacular. Un tipo capaz de hacerte reír y llorar. De agarrarte en tensión o de soltarte en relax. Un transmisor de miradas, y me aventuro a decir, conocedor del lenguaje audiovisual. Y un Nick Frost que funciona a las mil maravillas como elemento freak y compañero de aventuras.
Tras esas dos batallas de rodajes, me quedo simplemente marcando el calendario para verano porque su aventura prosigue en EEUU. Su película: “Scott Pilgrim vs. the World”. Aquí os dejo el trailer. ¡A disfrutar!
